No tuvimos tiempo de sentarnos a contemplar nuestra anterior restauración ni un minuto porque fue terminar y meternos de lleno en este otro proyecto, igualmente ilusionante por lo singular de esta bicicleta francesa, probablemente de la década de los 70.

Poco hemos averiguado sobre esta marca G. Poncelet, sobre la que poco o nada hay escrito en internet. Al parecer era una tienda de bicicletas de la región Isla de Francia, del país vecino, que aparentemente fabricaba bicicletas o bien las vendía con su nombre. Si algo destaca de las bicicletas clásicas francesas son siempre sus manetas y sistema de frenos. En esta ocasión, esta Poncelet traía un freno de tambor en la rueda delantera y uno de contrapedal en la trasera. La maneta de freno para el delantero es de tipo bar-end, que se coloca al final del manillar con el cableado por dentro del mismo.

Daniel, su dueño, quería que la bicicleta mantuviera la esencia y espíritu de su origen intactos, que se notaran los años y cicatrices en forma de picaduras y desgaste en la pintura. La tarea que nos encomendó pues, fue rescatarle todo el brillo original, puliendo y barnizando la pintura y los metales, para también eliminar y tratar el óxido. Hace unos años, con su familia, compraron una casa de vacaciones en Hondarribia, a escasos kilómetros de Francia. Junto con la casa venía un trastero incluido y en él… ¡voilà! Esta bonita y singular bici francesa apareció junto a otros trastos, y no tan trastos, olvidados por muchas décadas en aquel cuarto cerrado acumulando polvo y óxido.

Para meternos al lío, lo primero, como siempre, fue desmontarla por completo. Así, el cuadro y horquilla una vez separados se pueden limpiar y pulir a conciencia con nuestra pulidora manual, dándole dos capas de pulimento: una primera más abrasiva y una segunda que hace brillar la pintura como si fuera nueva. Hay que tener cuidado de no cebarse en zonas con la pintura un tanto desgastada o en zonas con detalles finos como los fileteados, pues el pulimento no deja de ser un abrasivo que también se lleva la pintura si no se hace con tino.

Los metales, en Ciclofactoría, pasan por la pulidora de banco una vez se hayan limpiado de óxido con el cepillo de púas y lanilla de acero (si hiciera falta) y quedan brillantes y limpios como el primer día. No hay un gustazo mayor que el de “resucitar” el brillo de un manillar, una biela o un simple tornillo. Bajo capas de grasa y suciedad siempre acaba apareciendo el resplandor del acero, y eso son detalles que luego destacan en la bicicleta una vez montada. El manillar de esta Poncelet vino en muy mal estado, con infinitas picaduras por el óxido que no fueron posibles de eliminarse al ciento por ciento. Es la única parte de la bicicleta que no conseguimos restaurar por completo, aunque la elegancia del encintado marrón distrae la atención.

El sillín es uno de los componentes que más destacan en las bicicletas. Este era de cuero agujereado en los laterales. Estos agujeros permiten encordar el sillín, como si fuese un zapato, y así tensar el cuero, pudiendo estrecharlo en su zona central a gusto del usuario, conforme el cuero va perdiendo forma y se va haciendo más blando y ensanchándose. El sillín estaba bastante desgastado y con el cuero cuarteado. Después de tratarlo y darle mimos aplicándole por varios días una crema para cueros y dejándolo sudar en una bolsa, el cuero vuelve a revivir. Una pasada por el cepillo y una capa de grasa posterior lo dejan impermeabilizado y protegido. Con el encordado en rojo, a juego con el resto de la bici, creemos que este sillín ha quedado a la altura del conjunto de la bicicleta e incluso la hace más fardona.

El único elemento que no pudios recuperar fue el piloto trasero. El plástico rojo estaba partido y no encontramos repuesto para ese modelo. La solución que buscamos con el cliente fue colocarle uno nuevo pequeño que se instala en el tirante trasero y que no rompe la estética de la bicicleta. Donde originalmente llevaba el faro trasero hemos colocado en su lugar un catadióptrico rojo. Tanto el foco delantero como la dinamo y el cableado se han podido rescatar los originales. La parrilla delantera y su soporte para el faro delantero nos parecen un elemento bonito y singular de esta bicicleta.

Los pedales también los sustituimos por unos nuevos, ya que los originales estaban con las gomas muy desgastadas y al ser blancas muy sucias. Para dejar la bicicleta lo más limpia posible le instalamos unos cromados bien elegantes, para lo cual convertimos la rosca de la biela en la métrica de los pedales actuales M 9/16.

El guardabarros trasero, que presentaba bastante abolladuras en su extremo e impedía que la rueda rodara sin rozamientos, lo desdoblamos antes de aplicarle la capa de barniz para que ahora no haya ningún problema en poder rodar con ella. Unos neumáticos nuevos de 650B con la banda marrón y esta bicicleta francesa marca Poncelet a renacido. Ambos frenos tienen una frenada perfecta y todas las partes críticas como ejes y juego de dirección han sido mantenidos y en su caso sustituidos los rodamientos por otros nuevos.

Su dueño Daniel, quien es ciclista aficionado sobre todo del enduro, ya tiene una bicicleta clásica para sus paseos de domingo ¡e incluso para participar en las cicloclásicas como La Monegrina que desde Ciclofactoría organizamos!

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