¿Qué se debe sentir cuando vuelves a estrenar tu primera bici otra vez?

José Sirvent “Pepe” se compró su primera bicicleta a los 16 años. En aquella época, mitad de los años 60, había en Zaragoza una tienda de bicicletas llamada Blas Latre. Traían Orbeas, BH y demás marcas nacionales y, además, según hemos podido averiguar preguntando a los veteranos y amantes del acero que se acercan por Ciclofactoría a contarnos anécdotas y secretos, era ahí donde se vendían las ahora tan buscadas bicicletas Ráfaga “la campeona de Aragón”. Allí se compró Pepe su primera bici, una BH Especial de varillas, para desplazarse de casa a su primer puesto de trabajo. “A plazos la tuve que pagar”, nos comentó Pepe recordando aquella época.

Pasaron los años, nuevos medios de transporte, otros curros y, como tantas otras bicis de esa época, esta BH Especial fue a parar a un trastero. Quizá por eso, porque se guardó en un trastero y no en el patio trasero de una casa o en un granero, se mantuvo en un estado tan aceptable durante más de 40 años sin usarse. En algún momento de su larga vida, hace ya tiempo, su dueño quiso repintarla otra vez de color negro, sin mucho éxito, pues no agarró bien la pintura y el tiempo se encargó de afearla. Hace poco, Ana, la hija de Pepe, se acordó del precioso sillín de cuero que tenía la vieja bici de su padre y bajó al trastero para “robárselo” y colocárselo en su bici de paseo. Fue ahí cuando a Pepe le entró la nostalgia de sus tiempos mozos y ahora, ya jubilado, le volvieron otra vez las ganas de rescatar su antigua montura y volver a darle uso.

Nosotros nos encargamos de que esa bonita bici mal repintada volviera a lucir y a sentirse como nueva, como cuando su dueño la compró en su adolescencia. El trabajo no conllevó nada del otro mundo, más allá de desmontarla para decaparla entera y darle una nueva capa de pintura con secado al horno, para que agarre bien, y volverla a montar ajustando todo correctamente. Encargamos las calcas, réplica de las originales, al amigo Jordi de Reciclone y nos atrevimos con un discreto fileteado de los racores en color dorado. Los metales se pudieron rescatar con un buen pulido, por lo que no hizo falta cromar nada.

Lo más complicado fue convencer a Ana, su hija y amiga nuestra, de que le devolviera el sillín a su padre, como guinda del pastel. Es complicado ver bicis de esos años que hayan mantenido todos sus componentes originales, tanto el sillín como guardabarros, cubre cadenas y dinamos, que tanto sufren y se rompen. Pero esta es una excepción y, por tanto, una bicicleta Especial, ¡que bien se merece una segunda vida!

 

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