CAPITULO II

Salir de Zaragoza a las 12 del medio dia, tranquilico, sin prisa. Disfrutar de un dia increible, soleado, sin cierzo, ni trafico, subir sierras, cruzar desiertos en flor y somontanos, hasta adentrase en el valle.

Remontar el Rio Cinca desde el desvio de Barbastro y escalar los ultimos 1000 metros de desnivel acumulado en los 50 kilometros que restan para llegar a Gerbe, Ainsa. A las nueve de la noche me encuentro con el Rio Ara, último superviviente de un sistema de gestion del agua obsoleto. Cruzar el Cinca y la ultima cuesta al 9% para llegar a Gerbe. Fran, Maneli y Oihane me invitan a dormir en su casita. El frio y la esterilla tendran que esperar.

A la mañana siguiente un sol radiante iliumina la peña montanesa y las tres sorores, emblema del Sobrabe y de nuestra tierra, Aragón. El cansancio de la primera etapa, quizá la más dura de todo el viaje, hace mella en las rodillas que no tienes ganas de atravesar la cordillera para cruzar la muga. Es el día del trabajador, el día del ciclista trabajador que con sus piernas y pedales quiere llegar antes o después a su destino. Remontamos el Cinca, atravesamos foces, almorzamos y nos despedimos del país, antes de que una furgoneta nos cruce en Autostop el tunel. Los ciclistas no somos bien recibidos en su interior.

Al otro lado sombra y frio. Una bajada rápida desde los 1800 metros de altura hasta el pueblo de Saint Lary, y de ahi descender La Garona hasta el llano. La tarde comienza y no sabemos dónde dormir. Todo esta cerrado como es normal el 1 de Mayo. Algaradas en Paris y tranquilidad dans les Haute Pyrenees. El espíritu de Vicente Blanco me guía hasta un pueblecito diminuto, de los que no aparecen ni en los mapas. Le Cafe du Village de Aneres me da la bienvenida, me invita a una cerveza y me ofrece cobijo para la noche. Un proyecto autogestionado de 20 años de historia que organiza un festival de cine mudo hermanado con el de Uncastillo y que está siempre abierto a caminantes, ciclistas y en general todos los viajeros amantes del arte y la buena compañía. Didier, Marcos, Roger y otros tantos y tantas compañeras que participan en el proyecto me abren las puertas de su casa para cocinar, beber y descansar, como si hubiésemos sido amigos y familia en otra vida pasada.

A la mañana siguiente comienza el pedaleo tranquilo pasando por pueblecitos franceses de postal y, al llegar a Montrejeau, el espíritu de Vicente Blanco me vuelve a obsequiar con otro regalo inesperado: la ruta cicliclable de La Garona. 100 km asfaltados y perfectamente señalizados me van a llevar hasta el comienzo de la infernal área metropolitana de Tolosa (Toulouse). Meandro, bosques, campos y más campos, colinas graneros y sobre todo calma.

La tercera etapa, sin tráfico y sin ruidos, termina en Carbonne donde me voy a pillar un tren regional hasta el centro de Tolosa. El Jefe de estación me indica que el próximo tren pasa dentro de una hora, asi que pedaleo media hora más hasta el siguiente pueblo y me subo al tren en La Fauga. Una vez en la estación de Tolosa salgo de la ciudad dirección al barrio de La Union donde me espera la casa de los compas chilenos Trini, Kote y Violeta. Un día de descanso, solucionar unos problemas mecánicos y elegir la posible ruta que me llevará hacia el noreste son las tareas pendientes. El frio y la esterilla tendran que esperar.

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