Un día caluroso de agosto entró Manuel por la puerta del taller. Quería saber si le podíamos arreglar la primera bicicleta que se compró cuando era zagal. Aquella BH Iberia que tanto le servió para moverse por el pueblo y para acudir a las fiestas de los pueblos vecinos. Aquella bicicleta con la que aprendió a ser más libre divirtiéndose y pedaleando. Su bicicleta estaba esperando a ser rescatada y un día Manuel pensó que ya era hora de darle una segunda vida, que la quería dejar en condiciones para usarla cuando se jubilase dentro de unos años.

Había pasado un tiempo desde la última vez que la encargase arreglar. La bicicleta funcionaba de aquellas maneras, pero el estado de la pintura dejaba mucho que desear. Conservaba parte de las calcas originales «BH» e » Iberia» y, salvo zonas concretas y oxidadas, la pintura mantenía el color azul y blanco  y los detalles en dorado originales.

Si tuviéramos que hablar de las particularidades de la Iberia de Manuel podríamos resumirlas de la siguiente manera: la bicicleta cuenta con una sola velocidad, como tantas bicis de paseo. Un sistema de frenos con cables (por aquel entonces las marcas ya estaban dejando de lado los frenos de varillas). Un tamaño de ruedas de 26 pulgadas (etrto 584 mm.). Y, como no podía ser de otra manera, un juego de guardabarros y parrilla para portar los bultos necesarios del día a día.

A continuación una imagenes,  que valen más que mil palabras:

 

Al venir a Ciclofactoría, el señor Pedraza y su bicicleta contaban con varias cartas sobre la mesa. Desde restaurar a fondo la bicicleta decapando, pintando, fileteando los racores, reproduciendo las calcas originales y mandando cromar los metales, hasta lo que acabó siendo el encargo final. El trío de sietes tenía un coste, y el poker de reyes tenía otro. Al final, entre todos acabamos decantándonos por una reparación integral de la bicicleta. Empezamos por desmontarla íntegramente y pulimos todas aquellas zonas en las que el óxido había aflorado. La herramienta Dremel fue de gran ayuda y también lo fueron la lanilla de aluminio y el taladro. Por último, las zonas cromadas pasaron por la pulidora de banco para recuperar todo su brillo original. El cuadro, horquilla, cubrecadenas, guardabarros y parrilla fueron lacados para porteger la pintura original y darle un toque de brillo.

 

 

Las bicicletas clásicas, las bicis antiguas, las bicis del pueblo, las bicicletas de toda la vida son máquina concebidas para aguantar, diseñadas para ser usadas y requeteuusadas por varias generaciones y, después, si son afortunadas reciben un lavado de cara, un poco de cariño y buena mano y rejuvenecen 40 años para volver a estar en primera linea de batalla sobre el asfalto, por los ribazos o en las riberas de los ríos.

La BH Iberia de Manuel Pedraza es una de esas bicicletas.

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